¿Que recordaremos?

19 January, 2012

Es evidente que las cosas no iban en las empresas como nos hubiera gustado. Atrás, muy atrás, quedaron expresiones que por repetidas parecían haberse convertido en obligatorias: viento en popa, como un tiro, en match 3 (esta última me recuerda siempre a un buen amigo, además de fan incondicional del mítico film “Oficial y Caballero”).

Como decía todo cambio, los resultados no eran ni mucho menos para echar cohetes, y empezamos a recuperar términos, sentimientos, y vivencias de inicio de los noventa. Por desgracia hay modas que siempre vuelven,…

Facturar lo mismo que en años anteriores parecía inalcanzable, como imposible se antojaba mantener la rentabilidad, los precios, los argumentos, los clientes, o los dispendios de hacía no tanto tiempo.

Y ahí estaba el equipo, atascado, esperando instrucciones, claves, respuestas (diferente de arengas, disculpas, exigencias, lamentos y similares,…), y puede que algo de magia. Y lo cierto es que para muchos, probablemente era más sencillo encontrar un mago, que alguien dentro de ese entorno que lejos de “haberse contaminado”, fuera facilitador de todo lo anterior.

Ante la ausencia de respuestas “mágicas”, siempre quedaba la esperanza de que el castigo que la situación económica estaba infligiendo, fuera mayor en el caso de la competencia que en el nuestro. A pesar del riesgo que suponía que en sus últimos estertores sus movimientos nos perjudicaran (ofertas exageradas), la expectativa de una cuota de mercado mayor calmaba en parte esa ansiedad.

Al principio encontramos la manera de contraer el gasto y de reducir considerablemente las partidas de salida de dinero. Por cierto, la crisis convirtió a los recursos humanos, antes considerados el capital más importante de la empresa, en el insumo más prescindible. En esta fase nos centramos en algo que aunque doloroso, entendíamos era una exigencia, “no podíamos gastar, más de lo que éramos capaces de ingresar, por poco que esto empezara a ser”.

Entonces dimos un golpe en la mesa, decidido y clamoroso. No podíamos seguir esperando.

A partir de entonces, decidimos que haríamos todo lo que estaba en nuestras manos, empujaríamos todos juntos, lo haríamos con la voluntad del resultado y el conocimiento de la dificultad, y aunque eso no fuera garantía de nada, decidimos sentirnos orgullosos de lo que desde entonces consiguiéramos.

Juntamos a todas aquellas personas de la organización que tenían responsabilidad sobre otras, y comprobamos si su orientación era compartida. Pusimos blanco sobre negro lo que necesitábamos para poder asegurar el éxito, y entendimos que aunque siempre nos habíamos esmerado en comunicarlo todo, ahora ésta se convertiría en la cualidad estrella de nuestros mandos.

Lo llamamos comunicación constructiva, porque trabajaría desde las emociones (mermadas entre nuestros equipos) y lo haría orientada a resultados. Su misión sería construir mensajes, destruir barreras y paradigmas, y dotar de sentido al trabajo de cada día. 

 

¿Y si este fuera el relato breve que nuestras empresas hicieran en un futuro cercano y consolidado, con la intención de no olvidar lo que pasó y recordar con orgullo la historia reciente y su forma de afrontarla? 

PORQUE NO

Ojalá encontremos como escribir el final de esta historia, y que al dar el golpe en la mesa, ésta no se rompa

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